jueves, 11 de septiembre de 2008

Eramos tan pobres

A pedido de Dago inauguro acá una serie de experiencias propietarias laburando en el rubro conocido como "vendedor de videojuegos":

Año 1990, un amigo apodado Tótem y yo trabajábamos en un antro bastante conocido por estos lares (Buenos Aires) llamado Realtime. Pleno furor de las micro, Commodore 64 y Zx Spectrum afianzadas desde hacía unos años, MSX por ahí atras, Amstrad, Amstrad?? que es eso?, una sola vi por acá y la tenía un conocido para hacer desarrollos para Europa. La Amiga 500 , MSX 2 y unas muy, pero muy pocas Atari XE (más que nada la usaban algún que otro músico pre-Mac, por el MIDI nativo, viste?).

Sábado al mediodía, uno de los locales (el que vendía juegos de Commodore y Amiga) a punto de explotar, no había lugar ni para pedir permiso. El Tótem hacía lo que podía para atajar la marea de niños que solicitaban su copia en cassette de las últimas novedades para la C64 (piratería, si, pura y diáfana piratería, pero bueno, de eso nos alimentábamos). Les aseguro que eran jornadas agotadoras.



Entre la multitud al borde del mostrador se asoma una cabecita más que lo increpa al Tótem con una voz aflautada:

- Dan número? - en clara alusión a si dábamos algún tipo de turno para atender.

Totemillo, con ese humor infinito que lo caracteriza, miró al rozagante niñito, puso cara de "Escalera Real" , contestó - Si, ya te doy -, tomó una tira de papel, y escribió:

3.450.246.123

Entregó el papelito al infante y a toda voz gritó:

- Cuaaaaaaaatro!!!


Impagable la cara del pendejo...
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